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La nevación más deseada

Es la primera vez que salgo de mi país, aunque no la primera vez que había planeado hacerlo en forma, y  por fin se presentó el vivir la nevación más deseada.

Mi pasaporte data de 2017, cuando planeaba irme a Estados Unidos, pero esa opción quedó anulada después de presiones y la discriminación Trumpiana.

En fin, para Enero quería visitar el tropical país de Cuba, pero surgió la idea de visitar Canadá.

¡Y la acepté de inmediato!

Quería conocer la nieve, jugar con ella y hacer un monito y un angelito, qué mejor que ir en invierno, tal vez hasta podría experimentar el sky.

En fin, el viaje que debía realizarse a finales de enero, se recorrió hasta inicios de marzo por diversos motivos.

De hecho había pensado en cancelarlo en más de 3 ocasiones, pues con la primavera en puerta, los riesgos de no ver la nieve incrementaban.

Y la nieve era el motivo #1 por el cual yo estaba viajando a ese país.

Claro conocer más de la cultura y ver las inmensas diferencias con México eran atractivas y siempre me gusta cultivarme.

Pero mi alma de niña y sentir la nieve sí eran superiores a todo lo demás, llevaba por lo menos 25 años deseando ver y jugar con la nieve.

Los planes para la nevación más deseada

Supuestamente debía salir de México a las 23:50 del aeropuerto Internacional Benito Juárez, en compañía de Andrés.

Pero el viernes anterior me informa que mejor pagaría todo el viaje de nuevo porque quedaban pendientes en el trabajo que le impedían acudir a la «semana de nevación más deseada».

Yo me enojé, ¡obvio!, sobre todo porque antes de confirmar los boletos de avión mi hermosa madre le preguntó si era un hecho que él no iría para que ella pudiera prepararse con sus papeles y tomar el viaje.

Y Andrés dijo que sí iría, y a la mera hora no.

Le dije que si ya sabía, porque no lo había aceptado, cuando su idea era que yo me fuera con mi mamá para no perder lo pagado.

Y le dije, ni modo, me iré sola, yo no voy a perder la oportunidad de ver la nieve, una idea que me había mantenido emocionada desde Diciembre.

Y qué creen, pues yo tenía su pasaporte y le dije que pasara por el Sábado en la mañana, pero no lo hizo.

Canadian money…

Pensaba irme sin dinero, solo con la tarjeta, si sobrevivo sin dinero en mi país, seguro lo haría en Canadá, y lo habría logrado.

Sin dar propinas, pero lo habría logrado y aun así pasarla muy bien.

En fin, mi mami insistió en que llevara algo de dinero, le dije solo llevaré 100 CAD, ya allá si ocupo pues acudo a un cajero y pues ni modo, lo que me cobren de comisión.

Total que fuimos a cambiar, y ella estaba preocupada por llevarme al aeropuerto porque no le gusta ir allá y siempre nos perdemos cuando ella maneja.

La visita de la salvación

En lo que estábamos cambiando, mi tía nos avisó que estaba afuera de la casa, y le tocó esperar en lo que regresábamos.

¡Como caída del cielo! Ya estaba mi mamá en llamarle para que nos acompañara, y al menos ella no tuviera que regresar y perderse sola.

En fin, la hora de irse llegó y llegue muy acompañada al aeropuerto. Mi mami, mi tía e Ilse, quien se nos unió al final de su jornada laboral.

Ahí en el aeropuerto ya me esperaba Andrés por sus documentos.

Finalmente fue Andrés quien me acompañó a formarme para la documentación.

Entregue mi pasaporte, mi ETA, y después de unos 10 minutos en el mostrador, en lo que la persona de documentaciones llenaba formatos en su computadora, me entregó mi forma migratoria.

Misma que tenía que entregar al abordar al avión, junto con mi pasaporte y pase de abordar.

Me recibieron la maleta, y llené el formato.

Abrace a toda mi familia, pues el momento de ingresar por el filtro de seguridad había llegado.

No me quería ir, estaba nerviosa.

Jamás había viajado completamente sola, y mucho menos a otro país en donde no conozco a nadie.

A la vez estaba tranquila porque la agencia del tour estarían por mí y me llevarían a mi hotel.

Tenía la opción de entrar a una sala VIP para esperar mi vuelo, así que decidí hacerlo para pasar a cenar algo y reducir mi nerviosismo.

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1 Comentario

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